Por encima, por debajo, a su vera… Da igual desde dónde lo abordes, pasear junto al viaducto de la Calle Bailén es una vivencia totalmente placentera y revitalizante. Todo su entorno, especialmente en estas tardes comprimidas de otoño e invierno, quedan envueltos en un aura de melancolía y silencio que lo hacen todavía, más tentador.

Las escaleras que nos dan acceso, a sus entrañas y a su tablero, esconden recovecos desde los cuales es posible observarlo con la suficiente intimidad. Siempre que me acerco hasta a él me sorprende como, a pesar de su gran tamaño se intuye en él un carácter tímido e introvertido. Quizás una manera autoimpuesta de cumplir penitencia por las muchas almas que, sin poder evitarlo, le robó a Madrid en décadas pasadas.

Lo que nació como una solución urbana para acercar las vidas de San Francisco el Grande y el Palacio Real terminó por ser un pequeño quebradero de cabeza por los continuos suicidios que desde él se cometían. Un lastre demasiado duro que ha terminado por calar hondo en este escenario tan bonito de la Villa. Aun con todo, recomiendo muy mucho caminarlo sin prejuicios ya que es una de las zonas más sugerentes de Madrid, tal y como nos demuestra esta fotografía de Ángel Chamorro del blog Música y Pintazas. En él admiramos ese momento del día en el que el viaducto empieza a encenderse ante la fija mirada de unos cuántos árboles desnudos. Senderos vacíos y un cielo gris acompañan a dar la ambientación perfecta a una postal que baila entre dos aguas y se mueve entre la añoranza y la pesadumbre. Porque no todos los rincones de Madrid rebosan alegría y vitalidad, aunque de todos se puede extraer un imborrable encanto.

Viaducto Calle Bailén, Madrid

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Sobre el Autor

4 comentarios

  1. Maria Capdeville el

    De pequeña jugaba en Las Vistillas, esas cuestas at verdes. E ha costado muchos azotes por llegar a casa con el culo verde de arrastrarlocuesta abajo

  2. Germán Cano lópez el

    Preciosa fotografia y un texto muy ilustrativo y cargado de poesia. La empinada escalera que vemos en la fotografía, sube desde la calle Segovia a la calle de La Moreria. Desde tiempos ancestrales se llamó ´´Cuesta de los ciegos´´ como se sigue llamando hoy día.

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