Vale. Lo admito. Os he tendido una pequeña trampa con el título de este secreto. No es necesario que os devanéis los sesos, tratando de hacer memoria sobre cuál es la Plaza de los Juanes en Madrid. Tampoco hace falta que acudáis a Google Maps para saber donde se ubica, no existe ¿O quizás, de algún modo, sí? ¿A qué se debe tanto mareo? A continuación os lo explico…

Resulta que una plaza que todos conocéis y por la que seguramente hayáis pasado no pocas veces guarda una curiosa y caprichosa relación con un nombre masculino muy concreto, el de Juan. El lugar sobre el que os estoy hablando es la Plaza Mayor, un espacio de primer orden que ha recibido multitud de nombres oficiales como el de Plaza Real, Plaza de la Constitución o Plaza de la República. Denominaciones siempre atadas a avatares históricos y entre las cuales bien se podría incluir, de un modo mas simbólico o romántico, el de Plaza de los Juanes, por el de las distintas personas que comparten dos condiciones. La primera, el haber intervenido en el desarrollo arquitectónico de la plaza, la segunda, la de llamarse Juan. Hagamos un repaso…

– En primer lugar hay que mencionar que el origen de este entorno lo encontramos en la Plaza del Arrabal que se constituyó allá por el Siglo XV bajo el mandato de un Rey, Juan II de Castilla (1405-1454). Entonces se llamaba de esta forma porque se ubicaba en los zona de extramuros y era un lugar utilizado para fiestas tanto civiles y reales y para el comercio.

– Con la llegada de la Corte a Madrid en 1561 fue Felipe II quien encargó a su arquitecto preferido, Juan de Herrera (1530-1597), que diese un aspecto más solemne y forma a esa plaza que cada vez tenía más peso en el día a día de Madrid. Es el primer proyecto que se conoce como tal de este lugar.

– No obstante el encargo no se finalizará hasta el reinado de Felipe III siendo otro arquitecto el que lo rematará. ¿Su nombre? Lo habéis acertado, Juan. Su apellido, Gómez de Mora (1586-1648). Alumno de Juan de Herrera, sus trabajos se prolongaron durante dos años, entre 1617 y 1619. A él le debemos la planta rectangular, de 120 x 94 metros, portada y los 9 accesos que aún hoy conserva el corazón de la Villa. Por cierto, el coste de todos estos trabajos fue de 900.000 ducados.

–  En este punto, toca hacer alusión a los tres incendios diferente que, a lo largo de su historia, ha sufrido la Plaza Mayor. En el primero, acaecido en 1631 y que provocó 13 muertos, fue el propio Juan Gómez de Mora el encargado de la rehabilitación. En la correspondiente reforma que siguió al segundo incidente, en 1672, también interviene un Juan (de León) quien formaba parte del equipo del encargado de los trabajos, Tomás Román, .

– De esta forma llegamos al fatídico 16 de agosto de 1790. Aquel día, un devastador fuego arrasa con un tercio de la plaza tras diez interminables días de incendio. La persona elegida para recuperar la vitalidad y el alma de este singular espacio es el Arquitecto Mayor de la Villa, Juan de Villanueva (1739-1811), de cuyo legado ya os hablé aquí. Él será quien rebajará la altura de las casas del perímetro, dando un aspecto cerrado y uniforme a la plaza y construyendo con piedra y ladrillo, para cubrirse las espaldas ante posibles nuevos incendios. Él es el gran responsable de la Plaza Mayor que, en notable parte, ahora paseamos.

Juan de Herrera, Juan Gómez de Mora y Juan de Villanueva. Tres grandes talentos cuyo poso aún se percibe en este histórico lugar, pero todavía no ha terminado el vínculo de la Plaza Mayor con este nombre.

Si dirigimos nuestra mirada al centro de la explanada descubrimos la escultura ecuestre de Felipe III. Aunque llegó aquí en 1848 se creó mucho antes, en 1616. Su diseñador fue Juan de Bolonia (aunque la terminó Pietro Tacca). Siglos más tarde, después de los daños sufridos durante la Guerra Civil, tuvo que ser restaurada. ¿El encargado? El enésimo Juan de esta sutil colección, el escultor  Juan Cristóbal.

En definitiva, hasta siete ‘Juanes’ distintos han trabajado en mayor o menor grado en este histórico lugar. ¿Aún os quedan dudas de por qué podríamos llamarle, sin pudor alguno, la Plaza de los Juanes?

Plano de Teixeira, Madrid

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