Hizo durante varias generaciones las delicias de los más pequeños, una atracción infantil de lo más sencilla. Nada que ver con los juguetes tecnológicos que los niños utilizan ahora para entretenerse. Cuatro ruedas y un borriquito, no hacía falta mucho más, durante años el motivo más ilusionante que tenían los más jóvenes para visitar el Palacio Real.

Esta bonita estampa nos devuelve al año 1945. Madrid aún pugnaba por recuperarse de una guerra que le dejó no pocas cicatrices. Casi con toda seguridad los tintineos de las campanillas del cochecito y las risas de los niños que viajaban en él ayudaron a que estas heridas se cerrasen un poquito antes.

Un escueto pero emocionante viaje que los chavales emprendían junto a la estatua de Don Pelayo. Allí estaba la parada y punto de partida de estos cochechitos de campanillas que, a cambio de una peseta, daban un entretenido paseo en torno a la Plaza de Oriente. Los más afortunados, a cambio de un poco más de dinero, viajaban a lomos del sufrido pollino. Eso sí, con las piernas atadas, no se fueran a caer.

Ahora, caminando por la Plaza de Oriente, encontramos artistas callejeros y algún que otro entretenimiento destinado para “mayores” pero no para un público infantil. Nada parecido a este cochecito que, a paso lento y con un reposado traqueteo, divirtió a numerosas generaciones. Otro de los muchos recuerdos de Madrid que ahora observamos con nostalgia y que, complicadamente, regresarán a nuestras vidas.

Por cierto, ya en el Siglo XIX hubo una atracción similar en el Paseo del Prado, en este caso, de cochecitos tirados por dos cabras. ¡Que pena que no haya fotos de aquello!

Cochecito de Campanillas, 1945. Madrid

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1 comentario

  1. Mucho me temo que esto solo lo disfrutaban los niños de las familias pudientes, no creo que los niños de las familias que vivían hacinadas en las casas de corrala de 20 metros sin apenas saneamiento y bater compartido, ahí en el centro a pocos metros, tuvieran tiempo libre ni dinero para estos paseos. Seguro que las señoras que van detrás son las criadas.

    Que foto tan bonita, de donde las sacaras…. Muchas gracias por tu trabajo, Manu

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