Chamberí hoy suena a relativo elitismo capitalino entremezclado con ciertas dosis de casticismo. Es uno de los distritos más resueltos de Madrid, una lozana y jugosa naranja compuesta a su vez por seis gajos o barrios. Hoy nos remitimos a Arapiles, uno de ellos, para darnos cuenta de que el pasado de este entorno sufrió una espectacular metamorfosis a lo largo del último siglo.

Nacido por el crecimiento natural de Madrid, en el ensanche arquitectónico que expandió y dio oxígeno a la ciudad, Chamberí fue en sus primeros pasos un escenario humilde y por momentos precario. Marcado por la presencia de varias industrias y la de varios cementerios, hasta cuatro, que le otorgaban cierto aroma réprobo. Vivir en esta zona en los tiempos de la foto que vemos hoy, 1914, no entraba ni en los sueños ni en los planes de nadie. Casas sencillas, calles embarradas transitadas por cortejos fúnebres, como observáis, el paisaje no era nada alentador.

La imagen corresponde a la Calle Fernández de los Ríos, nombre que toma por el que fuese periodista y escritos de la Generación del 68. De aquél Chamberí desvaído habló en no pocas ocasiones Pío Baroja quien le dedicó estas palabras: “Eran poco transitados aquellos parajes,  por la mañana pasaban carros con grandes piedras talladas en los solares de corte y volquetes cargados de escombros. Después, la calle quedaba silenciosa, y en las horas del día no transitaban por ellas más que gente aviesa y maleante. Algún trapero, sentado en los escalones de la gran cruz de piedra, contemplaba filosóficamente sus harapos, algunas mujeres pasaban con la cesta al brazo, y algún cazador, con la escopeta al hombro, cruzaba por aquellos campos baldíos. Al caer de la tarde los chicos que salían de una escuela de párvulos llenaban la plaza; pasaban los obreros, de vuelta del Tercer Depósito, en donde trabajaban, y ya al anochecer, cuando las luces rojas del Poniente se obscurecían y las estrellas comenzaban a brillar en el cielo, se oía melancólico y dulce, el tañido de las esquilas de un rebaño de cabras”.

Un testimonio que cose a la perfección con la imagen que nos ocupa en este secreto y que nos demuestra lo mucho que pueden a llegar a invertirse los roles en una ciudad tan cambiante como Madrid.

Calle Fernández de los Ríos, Chamberí. Madrid

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