Hay situaciones en las que uno se puede imaginar, intentar trasladar o mentalizar pero que, hasta que no las vive, no sabe a ciencia cierta cómo reaccionaría. Creo que es una afirmación que se puede extender a una guerra. Los que hemos tenido la fortuna de no vernos involucrados en una, no sabemos realmente como se vive y siente en un entorno tan hostil. Quizás por eso me sorprenda tanto encontrarme imágenes como la que hoy acapara nuestra atención.

Una casi normalidad absoluta es lo que se observa en esta imagen de la Plaza Mayor tomada durante la Guerra Civil (1936-1939). Sólo un contundente elemento rompe esta armonía cotidiana. La escultura de Felipe III tapada y protegida de los bombardeos con una curiosa construcción, al igual que ocurrió con otros tantos monumentos de Madrid. Un extraño en plena plaza, un alienado en el día a día de Madrid.

Al fondo de la imagen parece que un importante grupo de personas se arremolina en torno a un punto de interés. Por lo demás, viandantes despreocupados y una Casa de la Panadería que seguramente añoraba los días en calma, sin mirar de reojo al cielo, aguardando la temida visita de ciertas aves de metal.

Aquellos días todo eran sospechas y temores, llovían bombas, se escuchaban lamentos y se veían desgracias. Aún así, parece, que Madrid no aparcó su día a día ni en los momentos más grises. Parece que esta ciudad tiene un carácter mucho más valiente e implacable que muchos de nosotros.

Plaza Mayor de Madrid en la Guerra Civil

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