En la actualidad cualquier evocación, gráfica o mental, de la Plaza de España siempre va unida a cualquiera de muchas atalayas que imperan en su conjunto, ya sean el Edificio España, la Torre de Madrid o el Monumento a Cervantes. Siempre robando protagonismo a la propia explanada con sus titánicas proporciones. Allá donde eches la mirada, siempre terminas claudicando ante su involuntaria presencia.

Quizás por ello conviene recordar que hubo un momento de la historia en el que este espacio de Madrid fue mucho más discreto para el peatón, más recogido, digamos que hasta “de andar por casa”. La que antaño fue la Plaza de San Marcial dio, con el paso de los años, a la ya mencionada Plaza de España. Hasta su radical transformación durante la década de los años cincuenta del pasado siglo, tuvo una época en la que fue un lugar arbolado, con una notable presencia de vegetación en toda su superficie, y sin estridencias arquitectónicas. Casi como el corazón de cualquiera de las pequeñas poblaciones que salpican nuestra geografía nacional.

La regresión al pasado de esta semana nos transporta al año 1920 y en ella incluso nos cuesta reconocer a la Plaza de España que hoy todos conocemos. Sólo la disposición de la planta nos podría poner tras la pista del lugar del que se trata. Por lo demás, la mutación ha sido tan radical que nada nos hace suponer de qué espacio de la Villa estamos hablando. En esta imagen su aspecto se ofrece mucho más cercano al que este lugar ofrecía en el Siglo XVI cubierto de huertas regadas por el arroyo de Leganitos.

Ahora sobrevive envuelta en tráfico de manera incesante por sus cuatro costados, pero gracias a esta fotografía de hace 95 años vemos que tuvo unos orígenes bastante callados y sosegados. Imagino que la mayoría, si pudieseis elegir, optaríais por aquella plaza primitiva en detrimento de la actual o no… ¿Y tú? ¿Con cuál de las dos te quedarías?

Plaza de España en 1920, Madrid

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