Hay quien ha querido compararla, en no pocas ocasiones, con la neoyorquina  Times Square pero la Plaza de Callao es mucho más familiar y acogedora. Tiene luces sí, y neones que deslumbran desde la distancia, pero Callao es más pequeñita, más abarcable y, en definitiva, nuestra.

Llegar a ella siempre conduce a una explosión de sentimientos, da igual desde cual de sus muchos arroyos lo hagas. Epicentro de seísmos castizos, hoy la revivimos en su versión de 1947, gracias a esta imagen de Manuel Urech, uno de los mejores fotógrafos que surcaron, cámara en mano, las callejuelas de Madrid, en busca de instantes como éste.

Avanzamos por la Calle Preciados, con cierta premura, la que el bullicio que nos rodea empuja sin querer a nuestros pies. Acto seguido alzamos la cabeza para notar en la vista, el impacto de un jaleo que ya se dibuja en el horizonte. Bendito caos. Los coches se arremolinan en el centro de la explanada bajo la rígida mirada del Palacio de la Prensa. Callao siempre fue y ha sido nervio. El de aquellos tiempos se medía de otra forma.  Comparado con su aspecto actual, nos puede parecer una balsa de aceite, pero seguro que para aquellos madrileños, habituados a la quietud, Callao era ya puro frenesí.

No podemos pasar página sin dejar de mencionar a los Cines callao, que en ese día proyectaban Piratas del Mar Caribe, pero no esperéis ver a Johnny Depp en el cartel. Su protagonista era John Wayne. ¿Lo véis? Salvando las evidentes distancias a las que olbiga el tiempo y la razón, tampoco hemos cambiado tanto…

Plaza de Callao, 1947. Madrid

Compartir.

Sobre el Autor

2 comentarios

  1. Pingback: Bitacoras.com

Dejar una Respuesta