Madrid y la nieve tienen una relación especial. La han mantenido en el pasado, tal y como podemos observar en diferentes fotos antiguas, y todavía la apuran en nuestros días. Por no ser demasiado habitual en ella, cada vez que un manto blanco envuelve Madrid la torna más melancólica si cabe. No obstante, ya sea por la falta de práctica, o a veces de previsión, también la Villa se muta a su versión más impracticable. Una cara que yo mismo tuve la mala suerte de sufrir en mis propias carnes hará un lustro.

Recuerdo que me tocaba regresar de mis vacaciones navideñas y ya estaba en alerta de la nieve que había caído en la capital. No obstante, al llevar en tren desde Pamplona a Atocha jamás pude imaginar lo que me esperaría más allá de las puertas de la estación. Los copos caídos durante los días previos habían colapsado la ciudad. Los recién llegados se agolpaban en la parada de taxis esperando unos coches que nunca llegaban…Era ya de noche cerrada y al día siguiente tocaba madrugar para ir al trabajo. Una de esas situaciones que te obligan a tomar un decisión y yo, visto lo visto, tomé la equivocada. Ante la imposibilidad de encontrar un taxi allí mismo me dio por subir por el Paseo del Prado, arrastrando la maleta por la nieve, en busca de un taxi que me llevase a Chamberí. Una gélida procesión que se prolongó hasta Gran Vía donde por fin pude dar con un taxista que se apiadó de mí y me transportó hasta mi cálido hogar. Imaginaros hacer el trayecto a pie, desde Atocha hasta la altura del Edificio Telefónica con Madrid nevado y arrastrando una maleta. Una aciaga caminata que no olvidaré jamás.

Os cuento esto porque no he podido evitar recordar este frío capítulo de mi vida en Madrid al admirar esta fotografía de José Demaría “Campúa”. Tomada un 6 de diciembre de 1950 yo también fui, uno de esos viandantes que avanza por la Calle de Alcalá, ajeno al tráfico, y buscando los senderos más livianos para tratar de impedir lo inevitable. Terminar con los pies calados hasta el tuétano mientras avanzas de forma parsimoniosa anhelando, en cada paso, llegar a casa.

Éste tipo de fotografías siempre son agradables de mirar mientras se hace resguardado y bajo el calor del hogar. Una Calle de Alcalá que muestra los efectos y consecuencias de una intensa nevada y unos madrileños que no pueden esquivar una rutina que les lanza a la calle a pesar de las inclemencias del tiempo. Más de medio siglo después yo repetí esta escena aunque en sentido contrario. Seguramente como ellos pensé lo bonita que está Madrid con nieve, siempre y cuando no te veas obligado a recorrerla.

De momento, éste 2015 no sabremos si Madrid nos ofrecerá esta blanca versión suya así que, mientras tanto, nos tendremos que conformar con estas bonitas estampas del pasado…

Podéis ver ésta y más sensacionales fotos de Campúa aquí.

Calle Alcalá nevada, 1950, Madrid. (Foto de Campúa)

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