El Callejón del Alamillo, hoy Calle Cercedilla, comunicaba la Calle de Magallanes con Bravo Murillo. Chamberí, Madrid.Hace exactamente un siglo Chamberí era una zona de enormes contrastes, vivía a caballo entre su incipiente caché y sus humildes orígenes. Un distrito fruto del crecimiento natural de Madrid, cuando un buen puñado de madrileños levantaron sus casas al norte, más allá de la cerca de Felipe IV para vivir del campo y de la artesanía. Muy lejos queda ya todo eso.

Esta imagen refleja de manera fiel esa transición, el momento en el que este popular distrito se hacía mayor. Para el 1914, año en el que fue tomada la foto, Chamberí ya contaba con el Canal de Isabel II, un diario propio, el periódico Chamberí e incluso presumía de bellas construcciones en calles como Almagro, Zurbano o Miguel Ángel.

No obstante hubo otras zonas que parecían resistirse a este progreso, a ese avance de los tiempos y lo que estos conllevan. Igual que aquellos famosos galos de los cómics que se oponían a ser sometidos por los romanos y aguantaban, implacables en su espiritu. Por su parte, el nuevo Madrid  iba fagocitando barrios hasta hacer de lo original algo extraordinario.  ¿Quién ganaría?

Sólo gracias a las maltrechas placas que ordenan este cruce de calles podemos ubicar con exactitud la foto que hoy nos ocupa. “Calle Magallanes” se acierta a leer en una, lo que nos transporta rápidamente al Barrio de Arapiles. Si no fuese por este chivatazo nos costaría incluso ubicar esta escena en Madrid. Así de rápido avanza esto, un siglo, cien años, tan cerca y tan lejos.

El estrecho paso que se abre ante nosotros era en aquel momento el llamado Callejón del Alamillo, como observamos, una angosta callejuela, yerma de comercios y que contaba con una particularidad, su suelo estaba empedrado con piedras de molino. Quizás fuese lo único reseñable de un pasillo que hoy sigue existiendo pero con otro nombre, el de Calle de Cercedilla y que entonces y ahora, comunica con la bulliciosa Calle de Bravo Murillo que vemos asomar al fondo.

La imagen habla por sí sola, no hace falta apuntar mucho más. Aquel Madrid de pose y alma eminentemente rural acabó siendo engullido por otros principios y necesidades, por otra ciudad muy distinta que añoraba un cambio y que logró, precisamente, a base de olvidar sus orígenes.

Así se dejaba ver el Barrio de Arapiles, en el Distrito de Chamberí, a comienzos del siglo pasado.

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