Técnicamente ya estamos en verano, la estación que más gusta a la mayoría de los mortales y que, en mi opinión, peor le sienta a Madrid (por el tema de las temperaturas y esas cosas).  Pero bueno, tampoco le vamos a hacer asco a las terrazas, las cervezas fresquitas, los paseos nocturnos ¡y sobre todo a los helados! Por ello, en homenaje a este refrescante producto que hace las delicias de todo tipo de público (bendito invento) , no detenemos en esta simpática viñeta del Madrid de 1959. En nuestros días los puestos de helados son mucho más sofisticados, llamativos y acondicionados pero su esencia se mantiene casi intacta. Una trinidad formada por tres elementos básicos: un vendedor, helados y unos golosos clientes.

En esta bonita imagen vemos a una niña que, viendo el maletón que porta sobre el hombro, sin duda se ha ganado una dulce recompensa. Una joven que, observando el intercambio de miradas que mantiene con el dependiente, parece insinuarle que sea generoso con la ración que le está despachando. ¿Quién no ha lanzado esa misma mirada rogando una paletada extra de helado, hasta que el cucurucho o la tarrina pidan clemencia?

Inevitable resulta el echar un vistazo a la carta de entonces y ver los tres tipos de helados que se consumían: Polos de Leche (vainilla, chocolate y fresa), Polos Fantasía (limón, fresa, menta, plátano y naranja) y Polos Largos de Leche (vainilla, chocolate y fresa). Sin duda unos sabores mucho más clásicos y sencillos que a los que podemos optar en la actualidad. Con este agradable recuerdo, con el que me temo que todos nos vamos a sentir identificados, vamos a dar por estrenado estos meses de estío.

Por cierto, ¿A vosotros también os han entrado ganas de comer un helado?

Carrito de los Helados, Madrid

Compartir.

Sobre el Autor

Dejar una Respuesta