Hay instantáneas que uno, nada más verlas, no puede evitar sentir cierto recelo. Momentos cotidianos en cuya sencillez se esconde su gran valor. Para saber de lo que habla basta con que miréis un momento la fotografía antigua que os traigo esta semana. Un instante aparentemente inocente, al que ni sus propios protagonistas parecen darle relevancia alguna, y que hoy sería totalmente inviable revivir en el Madrid actual.

Toca echar la vista atrás hasta el año 1906, época decisiva para el devenir de Madrid ya que aquel inicio de siglo vino de la mano con grandes proyectos y aspiraciones para la Villa. Sin embargo, aquellas ilusiones se solaparon durante décadas con el espíritu más modesto y candoroso de la capital. Días en los que, en muchos momentos, la ciudad mantenía muy viva aquella alma llana y corriente y que nos dejó imágenes como la que hoy tenemos la suerte de admirar.

Dos parejas de aspecto y vestimenta sencillas parecen hacer un alto en el camino en sus quehaceres diarios para reponer fuerzas. Para ello no eligen un lugar cualquiera sino que optan por descansar y charlar tranquilamente a los pies de Cibeles, una Diosa que como vemos, hace años, se mostraba mucho más terrenal y accesible que en la actualidad, custodiada y “protegida” por un continuo anillo de tráfico.

Mientras estos cuatro personajes parecen ponerse al día en lo que podría ser el momento del almuerzo (más suposición mía que otra cosa) cuentan con un invitado especial en la escena, un pequeño perro que olisquea el suelo como si nada fuera con él, ajeno al fotógrafo y a lo que le rodea. Tal y como me ocurre siempre con estas fotografías antiguas me encantaría poder atravesar la pantalla e introducirme en esa escena para preguntarles sobre sus identidades y biografías, una información que me temo se perdió ya para siempre, como el hecho de poder sentarse a los pies de esta representativa fuente con la única intención de ver la vida pasar.

Ahora transitamos por la ciudad con prisas, más pendientes de la batería del móvil y de la señal del 3G que de disfrutar de la propia urbe. Quizás sea el momento de empezar a revivir más momentos como éste y de bajar las revoluciones en nuestras rutinas. Charlas al sol y pausadas en entornos deslumbrantes, que algunos todavía quedan. Casi siempre en lo más sencillo radica lo más hermoso.

Almorzando junto a Cibeles 1906, Madrid

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