Cualquier mención sobre el Paseo de la Castellana evoca en nuestras mentes conceptos como el tráfico, lugares como AZCA y sus miles de inquilinos de oficinas o construcciones como las Torres KIO. Pero hubo un tiempo en el que nada de esto existió, hubo un tiempo en el que este pronunciado paseo no hacía más que seguir el destino de un antiguo cauce, el del arroyo de la Fuente Castellana, elemento urbano del que heredó su nombre.

Hoy es un solicitado tramo de Madrid, donde cada metro cuadrado está demandadísimo. Por eso, a más de un promotor o inversor se le saltarán las lágrimas al contemplar este recuerdo de 1946 donde, a ambos lados de la Castellana, abundaban solares ávidos de vida y de proyectos. ¡Quien pillase ahora mismo uno de esos!  Sin embargo, ya en aquellas  décadas se dejaba notar, y mucho, el actual Santiago Bernabéu, aunque con un aspecto bastante más modesto, y el depósito de aguas del Canal Isabel II. ¡Ah! Y un rebaño de casitas que conformaban el pueblo de Chamartín de la Rosa y que, lógicamente, la capital terminó fagocitando.

El Paseo de la Castellana es una de las calles que más ligadas están a Madrid, tanto por su aportación actual a la ciudad como por el peso sustentado tiempo atrás. Es de esas vías que, aunque jamás hayas pisado la capital de España, eres consciente de su atmósfera y su existencia. Era una de las pocas avenidas que conocía antes de vivir en Madrid pero ¿Y quién no?

Asfixiante, vital, trabajadora. Así es esta calle, así es ella aunque no siempre se llamó así, el Paseo de la Castellana ha recibido variadas denominaciones durante su historia: Paseo de la Fuente Castellana, Paseo de Isabel II, Paseo de las Delicias de la Princesa, Avenida de la Libertad, Avenida de la Unión Proletaria y Avenida del Generalísimo. Ya en 1980 retomó su nombre actual. Pero creo que en esta ocasión, más que sus muchos nombres del pasado, lo que más nos sorprende es ver cómo fue su aspecto tiempo atrás.

Paseo de la Castellana, antigua

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