Marcaban las hojas del calendario el año 1959 cuando Fidel Castro llegó al poder en Cuba y cuando, en plena carrera espacial, la Unión Soviética lanzaba la sonda lunar, Luna 3. En España, aquel mismo año por ejemplo se formaba, a finales de julio, la banda terrorista ETA y Franco, a no mucha distancia de la capital, inauguraba el Valle de los Caídos. Como vemos, un año de marcados acontecimientos políticos y sociales (aunque, ¿cuál, no?) que en Madrid se vivía tal y como sentimos en la foto de esta semana. Con contrastes, con sutileza, con delicadeza.

Nos ubicamos esta vez en la Calle de Alcalá. Nos lo “chiva” la estación de Metro de Sevilla y también, esa iglesia de las Calatravas que, trata de pasar desapercibida sin su rojizo habitual de la fachada en este recuerdo en blancos y grises. La boca del metro es, sin quererlo, el eje central de esta escena urbana. Donde unos chicos parecen esperar a alguien recostados sobre la barandilla. Donde una señora mayor duda acerca de descender o permanecer sobre la superficie. Donde una enigmática mujer da buena cuenta de los gastados peldaños que le transportan a ese universo tan curioso como imprevisible que son las, por momentos infinitas, galerías del Metro.

En este sencillo recuerdo de 1959 vemos como las dos realidades de Madrid, la que flota sobre su suelo y la que susurra bajo el mismo, casi funden sus dedos y los entrelazan. Si ya nos cuesta estar al tanto de todo lo que ocurre en esta ciudad bajo la luz del sol ¿Cómo saber qué le preocupa e inquieta de cuanto le sucede bajo sus pies? Millones de vidas, dos mundos y un solo corazón, Madrid. Así lleva siendo ya muchas décadas y, por supuesto, así seguirá.

Foto antigua Madrid: bajando al Metro

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