Una de las facetas que más me sorprende del Madrid desaparecido es el hecho de que, durante tanto tiempo fuese una ciudad rodeada por un muro. Así como de otras ciudades de nuestras geografías éste es un rasgo que ha pervivido, por fortuna, de manera notable, como por ejemplo Ávila, en Madrid queda poquito, o casi nada, de aquello. Quizás alguna que otra pista de aquel encorsetado pasado en la que hay que fijarse con atención pero de aquella vida intramuros, el colectivo y la memoria madrileña pronto se olvidaron.

De vez en cuando es conveniente refrescar aquella vida en la ciudad sujeta a horarios, no olvidemos que el acceso al interior de Madrid se cerraba a cal y canto a las diez de la noche en invierno y a las once en verano. Unas restricciones que hoy nos cuesta asimilar cada vez que subimos a una azotea capitalina y tenemos ante nosotros esta urbe que parece no tener fin y que se dedica a crecer sin miramientos. Que se descuelga inabarcable a la razón.

Para tratar de entender mejor como era aquel Madrid que vivía dentro de un muro os traigo la fotografía antigua de esta semana. En ella podemos ver el denominado Portillo de Fuencarral, que se levantaba en la Calle de San Bernardo, más o menos donde hoy encontramos la Glorieta de Ruiz Giménez. Se levantó en el año 1642 y fue derruido en el 1867, por lo que la mirada en la que hoy nos detenemos tuvo que tomada un poquito antes de aquella fecha. Conocido también como el Portillo de Santo Domingo, esta cancela nos da una idea de donde estaban los límites de aquel Madrid del Siglo XIX. Una toma sin excesiva calidaz y belleza pero de enorme valor histórico. Reveladora como pocas.

Ésta y otras tantas puertas (5 principales y 14 menores), conformaban la llamada cerca de Felipe IV, la cual se levantó, no como bastión defensivo sino para controlar todas las mercancías que entraban a Madrid y así, aplicarles sus correspondientes impuestos. Una medida recaudatoria que estuvo conteniendo el tamaño de la capital hasta que fue inevitable tirarla abajo para que la urbe siguiese sumando hectáreas, barrios y almas.  El derribo de este muro tuvo lugar en el año 1868, hace relativamente poco. Por fortuna nos quedó algún testimonio gráfico como éste para que podamos ver cómo era esa Villa acotada y reducida. Una mirada que nos demuestra la vertiginosa evolución sufrida por Madrid en la última centuria.

Portillo de Fuencarral

 

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