La Corredera Baja de San Pablo es junto a su siamesa, una cicatriz animada y sonriente en el amplio historial del Barrio de Malasaña (o Maravillas, como prefiráis). Creo que es una de las calles que mejor definen el estado de ánimo de este barrio, siempre despierto. La Corredera Baja es, con sus teatros y café,  la cara más bohemia de este desfiladero que nace en la Plaza de San Ildefonso y, decrece en pendiente hasta la llamada Plaza de la Luna.

Su hermana, ‘la alta’, es más comercial, más rebelde. En la que hoy nos ocupa, ‘la baja’, abundan más los locales destinados a la restauración y los comercios más tradicionales aún se hacen notar, resistiendo a la profunda renovación del barrio.  Hoy revoloteamos hasta el año 1929 para recordar los días en los que los puestos ambulantes invadían estas estrechas aceras, frenando cualquier otra actividad en este punto de Madrid.

Al final de la foto se distingue un edificio con una balconada, se trata del Mercado de San Ildefonso que fue construido en 1835 y que se derribó en los años setenta para dar a luz a la plaza, repleta de terrazas, que hoy todos conocemos. El mercado, en días concretos, potenciaba la actividad comercial y atraía a otros cuantos comerciantes que, montaban sus puestos  que legumbres, hortalizas y frutas, generando la preciosa foto que hoy tenemos el placer de observar.

La imagen, del fotógrafo Jesús García Férriz, es un claro reflejo de cómo era la vida en Maravillas hace casi un siglo, una vida de barrio, familiar y tranquila. Sin grafitis, sin tiendas de última moda, sin restaurantes exóticos.  Una vida relativamente calmada y céntrica que sólo el tiempo se encargó de modificar. Poco a poco, estas calles van recuperando aquellas memorias, tras décadas  intensas. Aunque ahora, a todo color y con un vecindario mucho más joven, Maravillas (o ya llamémosle ya Malasaña) busca abrazar su tranquilidad.

Corredera Baja de San Pablo, Madrid, Malasaña. 1929

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