Otro año más mi pasión por Madrid se tambalea por culpa de las altas temperaturas. Sabéis que adoro esta ciudad por encima de todo; cualquier barrio, cualquier día a cualquier hora. Pero de pronto, llegan julio y agosto y mi fe se quebranta y  hace aguas y es que con este calor, que no te deja vivir ni dentro ni fuera de casa, Madrid se vuelve impracticable.

No recordaba lo que era esto hasta la noche del pasado domingo que no sé ni las veces que me desperté anhelando una racha de viento frío. Ni el ventilador, haciendo horas extras, pudo librarme de esta tortura. Ahora sí, podría ser peor ya que en nuestros días para combatir este infierno disponemos de aires acondicionados, los citados ventiladores y algún que otro dispositivos más pero ¿Qué pasaría si ellos no existiesen?

Quizás, la respuesta a esta temible pregunta la tenemos en la fotografía que rescatamos hoy. Resulta que décadas atrás la forma que tenían muchos madrileños de afrontar las cortas pero pesadas noches era salir con lo puesto al patio de la corrala y charlar con los demás vecinos esperando una mínima brisa de aire hasta caer rendidos y agotados por el sueño. Imaginaros esas viviendas, de diminutas proporciones y atiborradas de gente. Bajarse al patio y pernoctar al raso era la única vía de escape. Eso y dormir, codo con codo, con el resto de la comunidad, una realidad mucho más común de lo que podemos pensar y que se estuvo viendo hasta hace no tanto.

Sentados sobre rústicos taburetes o directamente tirados sobre el suelo, personas de todas las edades combatían así, botijo en mano, el frustrante calor capitalino. Esta imagen corresponde a una corrala de Lavapiés y fue sacada en el año 1928. Lo cierto es que hay algunas cosas en Madrid que nunca cambian y una de ellas es el desaliento y bochorno de estas noches de verano. Al menos nosotros no tenemos que salir a dormir al rellano.

Verano en Madrid en 1928

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