Cuatro lustros y un poquito más, o lo que es lo mismo, 21 largos años duraron las obras en las que se gestó e hizo realidad la Gran Vía. Un proyecto de magnas dimensiones que se inició en 1910 y no se dio por concluido hasta 1931. En esta ocasión nos toca retroceder hasta 1925, fecha en el que el primer tramo y el segundo estaban ya finalizados. La vida y el movimiento comenzaban, ya entonces, a no dar respiro a esta centenaria avenida.

Lo primero que hay que matizar es que por aquel entonces la Gran Vía no se llamaba así. Realmente se dividía en tres tramos; el primero iba desde Calle Alcalá hasta la Red de San Luis y se denominaba Avenida del Conde de Peñalver, el segundo que se prolongaba hasta Callao, Avenida de Pi y Margall, y el último Avenida de Eduardo Dato. La postal de esta semana nos traslada al tramo del medio, levantado entre 1917 y 1924 y que se preparaba, con paciencia, para dar la bienvenida a uno de los emblemas de esta frenética avenida, el Edificio Telefónica.

Para hacernos una idea del enorme trabajo que hubo detrás de la llegada de la Gran Vía cabe señalar que sólo en el tramo de la Avenida de Pi y Margall, en sus 365,10 metros de vida, se derribaron la friolera de 121 fincas. Algunas calles como la de Los Leones o la de San Jacinto se borraron para siempre del callejero mientras que otras 14 vieron gravemente afectados sus trazados. Resulta imposible no mirar esta bella fotografía y que los ojos se nos vayan al tráfico que poco a poco iba ganando peso en la sociedad madrileña. Un escaso parque móvil compuesto por vehículos de motor y otros tirados aún por animales que todavía daba para aparcar en la mediana. Algo impensable en la actualidad.

Pero sin duda, el gran protagonista de esta mirada a 1925 es el gran solar en el que ya se trabajaba para recibir al Edificio Telefónica aunque hay que recordar que originalmente iba a estar destinado a albergar unos grandes almacenes. Esa acera tan transitada de la imagen es posiblemente el lugar donde más tiempo he permanecido en Madrid, recostado sobre su fachada, observando ese desfile de gente y bellos edificios que te rodean, regalándote siempre una magnífica panorámica.

En el cartel anunciador, si nos fijamos se puede leer “Solar para construir un edificio de trece pisos”. No era para menos hacer tal aviso y es que el Ayuntamiento de Madrid en un principio se opuso en firme a la realización del proyecto, ya que excedía por mucho los límites de altura establecidos por el consistorio. No obstante, superada esta ‘pequeña traba’, ya Madrid estuvo en disposición de recibir a su primer rascacielos. 90 años de diferencias y de cambios entre el pasado y la actualidad, la esencia se mantiene pero las capas más visibles no pueden provocar más vértigo…

Avenida de Pi y Margall, en 1925, Madrid

 

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