Hoy nos asomamos a una ventana del tiempo casi borrosa y entre brumas, no sé si por el efecto de los años sobre la fotografía o por el clima con el que amaneció Madrid aquel día desconocido que ahora miramos con atención. El caso es que a través de esta atractiva imagen avanzamos por la Calle de Toledo, rectos y decididos, hasta toparnos con la monumental puerta que lleva el mismo nombre. Una perspectiva en cierto modo arriesgada por ese tranvía que amenaza a nuestra vera.

Lo que más nos sorprende en esta foto, es el propio suelo de la Calle Toledo, de adoquines aderezados con los raíles del tranvía. Al otro lado, a mano derecha, la vida se detiene y amontona sobre la acera. Allí vemos a peatones, caminando despreocupados, en su vida rutinaria. Unas personas para los que resultamos casi invisibles.

Finalizada en 1827, la Puerta de Toledo fue el último acceso monumental que se levantó en el antiguo recinto de Madrid. Aunque hoy la percibimos como un monumento aislado no hay que olvidar que en su origen fue una “puerta” como  tal y que sobre sus dos lados se extendían los muros que delimitaban Madrid.

De fecha desconocida, yo calculo que esta foto pertenecerá a un año cercano a la década de los años 30 del siglo pasado. Una postal que nos rescata un momento afable dentro de un contexto que todos conocemos. La Calle de Toledo es pura historia de Madrid e imágenes como ésta nos lo confirman.

Calle Toledo, Madrid

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