Un universo con olores, sonidos y pasos propios. Así era la Plaza de Cascorro de principios del Siglo XX, un pequeño espacio que, amplificado, nos reporta una imagen fiel de lo que era aquel Madrid de hace una centuria. Echemos la vista atrás y caminemos por sus ajados adoquines. Dejémonos llevar por los aires de esa ciudad risueña y familiar.

Plazuela del Duque de Alba, Plaza de Nicolás Salmerón… este lugar ha tenido numerosas denominaciones a lo largo del tiempo, incluso mucha gente se refirió a ella como “Plaza del Rastro” aunque así no figuró nunca en ninguna de sus viajas placas. No sería hasta 1941 cuando pasó a denominarse de modo oficial Plaza de Cascorro, en memoria y recuerdo de lo acontecido en Cuba en 1896.

Situada en la cabecera del popular Rastro, este espacio abierto siempre ha dispuesto de buena salud y animación a juzgar por las numerosas estampas antiguas en la que aparece. Siempre con gente y comercios, incluso parecen atisbarse algunos puestecillos callejeros, imagino que de legumbres y hortalizas. Otra pista que nos indica en notable aspecto comercial de este lugar es ver que varias de las siluetas que observamos portan cestas, seguramente llenas de esos productos que acababan de adquirir instantes atrás.

Mucho más estática que todas estas almas se levanta una fuente que en la actualidad permanece desaparecida (me pregunto yo cómo se puede perder una fuente) y que posteriormente se desplazó al Paseo de las Delicias. Hay que recordar que buena parte del espacio que hoy disfrutamos estuvo originalmente ocupado por una manzana de edificios y que coloquialmente se designó como “el tapón del Rastro”. Una presencia que asfixiaba el paso de personas por este lugar, cada vez que la muchedumbre se reunía.

Hoy tenemos a pensar que la Plaza de Cascorro es un lugar que resucita cada domingo y que entre semana permanece agazapado, sin embargo, como se aprecia en esta foto de 1912, hubo un tiempo en el que disfrutó de un torrente continuo de gente, de un carácter más animoso. Pasen, vean, compren y observen, pero por favor no rompan nada, que los recuerdos de aquel Madrid son tan frágiles como lindos.

Plaza de Cascorro, Madrid

Compartir.

Sobre el Autor

Dejar una Respuesta