En los tiempos que corren son muchas las maneras posibles de conocer a posibles parejas. A los “métodos tradicionales” (discotecas, compañeros de clase o trabajo, conocidos de un conocido…) se han ido añadiendo nuevas vertientes, vinculadas a las nuevas tecnologías. Si os hablo de aplicaciones móviles como Tinder o de páginas webs como Badoo, seguro que a muchos no os suenan extraño. Para quien no las conozcan, son dos ejemplos de las numerosas variables utilizadas en la actualidad para encontrar pareja, un rollete o lo que cada uno quiera. Formas cómodas de conocer a otras personas, sin moverse de casa y sin demasiado esfuerzo. Pero, ¿Cómo ligaban los madrileños y madrileñas del Siglo XIX, cuando no había teléfonos inteligentes ni funcionalidades de este tipo? ¡Atentos!

Resulta que en la década de los años treinta del Siglo XIX varias personas se dieron cuenta, con preocupación, de cómo el número de matrimonios descendía de modo alarmante. Para poner solución a esto, se decidió abrir, en 1835, el Museo de la Juventud, una primera Agencia de Matrimonios, ubicada en la Calle Concepción Jerónima Nº5 y que funcionaba de una manera muy sencilla, lo que no sabemos es si efectiva. En ella se disponían varias salas con retratos y varios datos básicos de las personas que aspiraban a caer en las redes de Cupido. Tú te dabas una vuelta por el museo y cuando sentías un flechazo, o mariposas revoloteando en el estómago al ver una de las fotos, le entregabas una carta al Director de la institución presentando tu “candidatura”  y ya luego, la persona interesada disponía de tres días para responder, favorablemente o no, a tu interés. ¿Curioso, verdad?

 museo-de-la-juventud

Lo cierto es que tenía que ser llamativo, entrar al museo y ver decenas de retratos de personas esperando una oportunidad en el amor. No obstante el funcionamiento de este “Museo de la Juventud” no era tan sencillo, pues estaba sujeto a un buen número de normas que indicaban por ejemplo, las medidas que debía tener el retrato, u otras leyes curiosas como que la que impedía que personas de distintas clases sociales se pudiesen llegar a conocer. He decidido extraer a continuación  algunas de las leyes de dicho reglamento, las cuales no tienen desperdicio, pero aquí lo podéis leer entero si tenéis un poquito más de tiempo.

Lo dicho, no penséis que las aplicaciones para ligar son cosa sólo del presente, hace casi dos siglos en Madrid ya se las ingeniaban para llevar a cabo este cometido. La pregunta es, ¿Cuántos de vosotros vendréis de una relación iniciada en las salas de este peculiar museo? ¿Cuántas bonitas historias se iniciaron gracias a un retrato?

Aquí os dejo parte del Reglamento de aquel original Museo de la Juventud…

-Se establece en Madrid una Agencia de Matrimonios, titulada Museo de la Juventud.

-Los jóvenes de uno y otro sexo que quieran disfrutar de los beneficios de este Museo, depositarán en él sus retratos.

-El papel marquilla destinado para estos retratos tendrá en su mayor extensión veinte pulgadas de largo y catorce de ancho.

-El centro que ha de ocupar el retrato tendrá doce pulgadas de largo, quedando en blanco la parte inferior restante, dividida en tres cuadrilongos horizontales, con cuatro líneas centrales cada uno, para escribir sobre ellas las noticias siguientes:  Fecha del retrato, edad de la persona la tiempo de retratarse, si es mujer expresará la educación que haay tenido, y si es hombre, la clase a que corresponda.

-Si la persona retrata fuere de otra provincia o extranjera, lo expresará, y el pueblo de su naturaleza.

-Si la persona retratada fuere viuda lo manisfestará, e igualmente los hijos que tenga.

-Estos retratos de la juventud se espondrán al público en las salas del Museo, colocándolos por órden numérico, y procurando muy especialmente que las clases no se confundan.

-El Museo estará abierto todos los días indistintamente, desde que amanezca hasta las diez de la noche.

-Podrán entrar en este Museo todas las personas de todas las clases y condiciones, pero sólo las más decentes tendrán entrada en el gabinete reservado.

-Las personas que con el fin de casarse hagan elección de retrato, se presentarán al Director con una carta abierta, sin nombre ni apellido, señalando el número y la sala de su retrato y manifestando hallarse en el caso de solicitar matrimonio con el número tantos de tal sala.

-Si el director advirtiere notable diferencia entre la persona pretendiente y la pretendida, de lo que pudiera resultar una ofensa por parte de la última, podrá repulsar la pretensión.

-El director hará pasar luego el retrato del pretendiente a la casa habitación de la persona pretendida, acompañándole la carta misiva, en la que suolicará se sirva de dar contestación dentro del tercero día, y se entregará uno y otra bajo de recibo, que se llevará estendido.

-Si la persona pretendida no admira el retrato, éste se volverá al Museo y se colocará en el número que antes ocupaba.

¡Qué vuelvan a abrir el Museo de la Juventud!

Museo de la Juventud, Madrid

Compartir.

Sobre el Autor

1 comentario

  1. Me parece extremadamente graciosa esta curiosidad. Y me pregunto si la gente tenía las mismas reservas entonces que existen hoy a la hora de participar en alguna web de citas. Me imagino a dos señoras cotilleando, comentando que la hija de tal matrimonio, con fama de solterona, ha presentado un retrato suyo en el museo, y también me las imagino poniéndola verde, por lo bajini, cada vez que laven pasar.

Dejar una Respuesta