Vivimos en una época en la que no pocos mercados de Madrid son reclamo recurrente en muchas guías turísticas de la capital. De aires renovados, se han convertido en las nuevas mecas gourmet de la Villa, son visita obligada para los turistas y acumulan cientos de menciones en Instagram. Hoy sin embargo os quiero hablar de uno de los mercado más especiales de Madrid, transitado solo por los vecinos del barrio. En esta ocasión, atravesamos la frontera psicológica del Manzanares para explorar el barrio de Puerta del Ángel. Allí habita, desde hace casi un siglo, el Mercado de Tirso de Molina.

Este histórico y desconocido mercado merece muy mucho la pena por su propio edificio y por su movido pasado. Como carta de presentación diremos que se trata de uno de los más antiguos de Madrid y, seguramente, su rasgo más llamativo es que estamos ante uno de los escasos ejemplos de arquitectura civil supervivientes de la Segunda República, puesto que fue levantado en 1932, dentro de un Plan General de Mercados Municipales puesto en marcha para abastecer de mercados y puntos de venta a la capital.

El origen republicano de este mercado es su gran originalidad, algo que se puede observar en los escudos, con la iconografía republicana, aún visibles en las dos entradas del edificio. Por cierto, no deja de ser gracioso que se ubique en la calle Doña Urraca 15, nombre que homenajea a toda una reina de Castilla.

Recuerdo la primera vez que escuché hablar de él: “Mercado de Tirso de Molina”. Lo primero que hice fue pensar en la céntrica plaza que todos conocemos, y me estrujé los sesos tratando de deducir en qué lugar de la plaza se ubicaba un mercado de abastos. Tuve que mirar en San Google y ahí encontré la respuesta. ¿Pero por qué se llama así el mercado?  Resulta que en el Barrio de Puerta del Ángel es donde realmente, estuvo de manera original, la Plaza de Tirso de Molina, por eso, cuando se construyó el mercado en este lugar, heredó su nombre. Años después, tras la Guerra Civil, la entonces Plaza del Progreso recibió el nombre de Tirso de Molina pero nuestro querido mercado, ya conocido por Tirso de Molina, mantuvo su nombre ( y también sus escudos).

El mercado, que visto de lejos tiene más alma de fábrica que de espacio para comprar huevos y legumbres, es de ladrillo visto y se baña en un sutil estilo neomudéjar. Fue obra del arquitecto Luis Bellido, autor del conocido Matadero (de hecho si os fijáis se parecen bastante) y también de una construcción de la que os hablé hace tiempo, la Casa de los Portugueses. Como os indicaba, se levantó a principios de años años 30 y fue testigo directo de los duros enfrentamientos de la Guerra Civil, tanto que incluso recibió varios impactos de un obuses y en su estructura aún se pueden apreciar las cicatrices de la metralla.

© Fotografía de Manuel Montero

Como veis, historia y pasado no le faltan a este fascinante edificio que, además, no renuncia a un ameno presente. Hoy suma más de 40 puestos que alterna espacios más tradicionales (de pan, fruta, pescado o verdura) con otros de vanguardia o gastro, como vermuterías o vegetarianos. El Mercado de Tirso de Molina, quizás no tenga el glamour de otros como el de San Antón o el de San Miguel pero es uno de esos secretos de Madrid que merece ser conocido por mucha gente. ¡Os animo a todos a visitarlo!

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