Siempre es divertido y aconsejable indagar que hubo, tiempo atrás, en las calles que hoy transitamos de manera inocente. Es la mejor manera de mantener vivo nuestro pasado, la historia de Madrid y sus secretos. De esta forma nos vamos a llegar incontables sorpresas, como la que me gustaría explicaros en este secreto exprés.

Junto a la Glorieta de Alonso Martínez se localiza la Plaza de Santa Bárbara. Con sus arbolitos, terrazas y jolgorio, podríamos etiquetarla como un espacio ‘chic’ y pomposo de nuestro Madrid. Una prestancia que centra su atención en el edificio más hermoso de la plaza, el Palacio de la Condesa de Guevara. Por si no lo tenéis en mente, es éste.

Cárcel El Saladero, Madrid

No deja de ser paradójico que este bello inmueble sustituye a una construcción temida por todos los madrileños y que por supuesto nadie quería visitar. La prisión más tétrica y dura de cuantas hubo en Madrid, la Cárcel del Saladero.

Este edificio se construyó en 1768 siguiendo los planos de Ventura Rodríguez para albergar en sus estancias un matadero de cerdos y, más tarde, un saladero de tocino. De entrañas angostas y lóbregas, un brote de tifus en otras cárceles de Madrid hizo que se tuviese que improvisar un nuevo penal y el elegido fue éste, con todos los problemas que ello conllevaba para sus desafortunados habitantes.

Cárcel El Saladero, Madrid

La Cárcel del Saladero estuvo operativa y funcionando como correccional para jóvenes desde 1831 hasta 1884, fecha en la que ya sería realidad la Cárcel Modelo. En esta improvisada jaula para humanos se hacinaban los presos en las peores condiciones imaginables. Ángel Fernandez de los Ríos dijo de este lugar que «era un edificio lóbrego, oscuro, tenebroso, de estrechos corredores e inconvenientes habitaciones, donde viven confundidos los acusados de delitos leves con sospechosos de los crímenes más atroces; los sentenciados y rematados en espera de ir a su destino, con los que todavía tienen en sumario su proceso; los jóvenes que apenas han puesto el pie en la senda del vicio, con los más endurecidos criminales

El bandolero Luis Candelas, el cura merino (quien fue ejecutado por tratar de asesinar a Isabel II) o el torero Frascuelo tuvieron el honor de probar las lindezas de sus celdas y comodidades. Un siniestro y aciago lugar, que ya es historia de Madrid.

Luis Candelas

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