El Dios Neptuno encaramado en su carro observando implacable el avance de los coches que lo rodean es una de las imágenes que muchos turistas se llevan de Madrid. No es para menos, goza de una posición privilegiada, está cerca de notables reclamos como el Museo del Prado o los Jerónimos y ya es, por sí misma, una fabulosa obra de arte y delicia visual.

Al igual que su hermana Cibeles, es obra de Ventura Rodríguez y nació como parte de ese proyecto de revitalizar y embellecer el Paseo del Prado de Madrid. Una gran idea que se le debe a Carlos III. Este dios de los mares nos observa día a día, silencioso como nosotros le miramos a él. Sin embargo hoy quiero compartir con vosotros una de las más relevantes anécdotas que atesora este dios pétreo y es que en una ocasión, rompió su silencio para sacar una sonrisa a los madrileños cuanto más lo necesitaban.

Como bien os habréis fijado, Neptuno aparece representado esgrimiendo un tridente. Resulta que durante los duros años cuarenta, en plena carestía de alimentos y de todo tipo de bienes, no sólo en Madrid, si no en todo nuestro país, Neptuno amaneció con un curioso cartel en el que se podía leer: “Pido con harto dolor que, o me deis de comer o quitadme el tenedor”.

Y es que ¡hasta los dioses pasan hambre! Una divertida ocurrencia que sirvió de chascarrillo para los madrileños en unos días especialmente duros.

Fuente de Neptuno, Madrid

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