¿Os imagináis despertaros un día, abrir internet en el móvil de camino al trabajo y ver que la noticia que abre todas las portadas es que el Museo del Prado ha quedado reducido a cenizas por culpa de un devastador incendio? ¿Qué cara se os quedaría? Bueno, pues una situación muy similar es la que se vivió en Madrid hace unos años. Una argucia que respondía a un honorable propósito. Recapitulemos.

Museo del Prado, Madrid

“¡Noche, lóbrega noche! Podríamos decir con don Juan Nicasio Gallego, si la ocasión no fuera harto inoportuna para andarnos con floreos retóricos y si la idea de lobreguez pudiera asociarse a la de la espantosa hoguera que en estos momentos tiene estremecido y atribulado a todo Madrid. A las dos de la madrugada, cuando ya no nos faltaban para cerrar la presente edición más que las noticias de última hora que suelen recogerse en las oficinas del Gobierno Civil nos telefoneaban desde este centro oficial, las siguientes palabras, siniestras y aterradoras:

-El Museo del Prado está ardiendo. ¡Ardiendo el Museo del Prado!…

En aquel mismo instante daban comienzo las campanas de las parroquias a sus tétricos toques. Nos echamos a la calle y al llegar a la Puerta del Sol advertimos desusado movimiento de personas. En las Cuatro Calles era ya imponente la masa que se dirigía Carrera abajo… De los cafés, de los círculos, del Casino, del Veloz, de la Peña saltan en revuelto tropel los trasnochadores y el vocerío era tal que apenas había ventana ni balcón donde no se asomaran los pacíficos vecinos, turbado el sueño por el estruendo de la calle.

-¡Qué desdicha! ¡Qué catástrofe! ¡Pobre España!… ¡Perderemos lo único que aquí tenemos presentable!…

Así hablaban las gentes y corrían desoladas hacia el Prado, ávidos de ver para creer tamaña desdicha, deseosas de que la realidad estuviese muy por debajo del temor. Por desgracia, los resplandores del incendio iluminando intensamente los nubarrones apilados sobre Madrid, parecían decir:

-¡Rechazad toda esperanza!”

Incendio Museo del Prado, Madrid

Portada de El Liberal el 25 de noviembre de 1891 (Foto ABC)

Con este sobrecogedor texto abría la edición del periódico El Liberal en la mañana del 25 de noviembre de 1891. Un artículo firmado por el periodista Mariano de Cavia mucho más largo en extensión y en el que dejaba clara una cosa: Madrid se quedaba sin su prestigiosa pinacoteca por culpa de un inoportuno incendio. Los madrileños, en cuanto tuvieron conocimiento de la tragedia, no tardaron demasiado en apresurarse en ir al Paseo del Prado, a ver en directo los efectos de las devastadoras llamas. Un trágico suceso que corrió como la pólvora por los mentideros de la Villa. Sin embargo, más de uno se tuvo que frotar los ojos cuando llegó hasta el Museo del Prado y lo vio en perfecto estado, sin un rasguño, sin el más ligero olor a quemado, sin el más mínimo rastro de humo elevándose hasta el cielo de Madrid. ¿Qué tipo de broma de mal gusto era ésta? ¿Qué estaba pasando? ¿Dónde estaba el incendio?

Mariano de Cavia

Mariano de Cavia

Para conocer estas respuestas hubo que esperar al día siguiente. En el mismo medio que había anunciado el lamentable suceso, Mariano de Cavia explicó el porqué de su imaginaria crónica. Todo había sido una voz de alarma lanzada por el periodista, en un intento desesperado de llamar la atención de las autoridades sobre el lamentable estado en el que se encontraba el Museo del Prado. El adelantarse a una tragedia inminente (de hecho ese mismo año hubo dos pequeños incendios en el Prado). Según sus propias palabras: “Hemos inventado una catástrofe…para evitarla” . Así se podía leer al día siguiente:

“Mi artículo de ayer, inspirado en lo que aquí está pasando todos los días y en lo que aquí puede pasar a todas horas, no es una “broma”, ni es un camelo, ni es una ‘originalidad’. Ayer hubo gentes que lloraron… por lo que tiene facilísimo remedio. ¿No es esto mejor, y más sano para la patricia que llorar por lo irremediable? Hemos inventado una catástrofe… para evitarla.”

Las medidas no tardaron en llegar por parte de las autoridades y de la propia institución, por ejemplo se vaciaron los depósitos de leña que se ubicaban en las plantas inferiores de la pinacoteca,  y se dejaron de utilizar velas. Medidas de urgencia que quizás salvaron la vida de este inigualable museo. Sin duda, éste es uno de los capítulos más curiosos que guarda la memoria cultural de Madrid. Una gran ocurrencia, la de Mariano de Cavia, que nos salvó, quien sabe, de una tragedia de proporciones mayúsculas.

Incendio Museo del Prado, Madrid

Portada de El Liberal el 26 de noviembre de 1891 (Foto ABC)

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