Uno de los grandes problemas de vivir en Madrid es el alto precio de la vivienda, ya sea de alquiler o de compra y es que claro, esta ciudad gusta tanto y está tan demandada que residir en ella no sale  precisamente barato…. Pero ay amigos! Si hubieseis vivido en el Siglo XVII hubierais encontrado casa a un precio casi irrisorio y con una ubicación privilegiada y céntrica, en concreto en la Calle de la Sierpe, muy cerquita de El Rastro ¿El motivo? Lo vais a descubrir en tan sólo unas líneas.

La Calle de la Sierpe es una callecita no demasiado llamativa. Ubicada en plena Latina, une las calles del Humilladero con la de Toledo. Su denominación viene por una fuente de agua en cuyo caño se podía ver representada una serpiente o sierpe, tal y como vemos en su placa. Cuando la gente acudía a este lugar se refería a la “Calle de la Sierpe” y por ese uso popular se acabó quitando el nombre de Calle de las Negras, que era por entonces el oficial y que también arrastra una historia sorprendente en la cual nos centraremos en otra ocasión ¡Como veis, esta callecita madrileña guarda varios secretos a pesar de su pequeño tamaño!

Ahora bien, os decía que hace siglos vivir en este lugar era muy barato, tal es así que aquí se podían encontrar las casas más asequibles de Madrid. ¿Qué ocurriría para que se diese esta circunstancia? ¿Proximidad de un cementerio? ¿Vecinos problemáticos? ¿Un terreno inestable? Nada de eso, resulta que en aquella época se propagó por las calles de la Villa el siguiente rumor, se decía que por algún motivo esta calle estaba maldita y que quienes habitaban en ella recibirían un castigo, el tener hijos que sufriesen desde malformaciones físicas a problemas mentales. El origen de esta amenaza invisible no se sabe en dónde está pero lo cierto es que la ciudadanía pareció creerse a pie juntillas esta leyenda. Tal es así que nadie quería vivir en la Calle de la Sierpe, de ahí que el precio de sus casas descendiese de manera considerable hasta ser las más baratas de toda la capital.

Imagino que sólo fue cuestión de tiempo que aquella creencia quedase en el olvido, al ver que no tenía ninguna base ni fundamento y que, al cabo de unos años, el precio de las viviendas se igualase con el del resto del vecindario, ¿Habría algún avispado inversor que se aprovechase de aquella circunstancia? Estoy seguro que sí, aunque me temo que jamás lo sabremos a ciencia cierta esta respuesta.

¡Gracias a Isabel Gea Ortigas en cuyo libro ‘Curiosidades y Anécdotas de Madrid’ encontré este secreto!.

Calle de la Sierpe , Madrid

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