Si hubo algo que me fascinó al mudarme a Madrid fue las muchas esculturas que habitan en los tejados de varios edificios del centro de la ciudad. Recuerdo caminar entusiasmado , olvidando el mundo más terrenal, con la mirada fija en aquellos seres inmóviles con hechuras casi celestiales.

De todos ellos, sentí un flechazo especial con una pareja que a día de hoy podemos seguir apreciando al inicio de la Calle de Alcalá, en la antigua sede del Banco Bilbao Vizcaya. Se trata de dos inmensas cuadrigas realizadas por Higinio Basterra en el año 1923 que sorprenden, no solo por su tamaño, también por su pose seria y casi amenazante, como de estar a punto de entrar en batalla. En ellas si os fijáis, sus aurigas están colocados de pie sobre el perfil del carro por una cuestión de perspectiva. Si estuvieran en una posición “real” no podríamos verlos desde el mundanal suelo del cual les observamos.

Cuando empecé a leer sobre la historia de Madrid y sus curiosidades (siempre os recomendaré el libro Madrid Curioso de Isabel Gea) me marcó conocer este dato tan curioso. Resulta que originalmente estas dos esculturas eran doradas ¿Os imagináis lo chulas que tenían que quedar? ¡Los impresionantes destellos que debían de desprender bajo los rayos del sol! El motivo de su cambio de aspecto se lo debemos a la Guerra Civil. Y es que, siendo doradas eran una referencia demasiado obvia para los bombardeos desde el aire, por este motivo, para dificultar la temible labor de los aviones, se les oscureció, y así han llegado a nuestros días.

Pasé mucho tiempo fantaseando con su aspecto hasta que mi amigo Sergio del blog ‘De Madrid a la nube’ sacó a la luz, y nunca mejor dicho, esta imagen del CSIC del año 1934 en las que nos podemos hacer una idea, ya que la foto es en blanco y negro, de lo bien que lucieron en su origen estas cuadrigas. Mirad que preciosidad, ojalá alguien decida devolverlas a su primer aspecto, eran absolutamente preciosas.

Cuadrigas doradas del BBVA

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