A lo largo de la historia el pueblo madrileño ha sido muy dado a rebautizar todo lo que se han ido encontrando de paso. Las víctimas de este ingenio improvisado han sido lo mismo calles que monumentos y por supuesto establecimientos. Según escribo estas líneas siento que sería interesante algún día publicar parte de esta simpática y castiza lista pero hoy vayamos al secreto que nos ocupa, conozcamos cual fue el conocido en Madrid con el nada glamuroso apelativo del (perdón por la expresión), “café de los cagones”.

Saltamos en un abrir y cerrar de ojos al primer tercio del Siglo XX, a aquel Madrid de implacable actividad urbana e intelectual, un torrente social que se el resolvía en los conocidos “Cafés Literarios”, la gran mayoría de ellos enclavados en la Puerta del Sol y alrededores. La Fontana de Oro, el Gato Negro o el Café de Fornos son solo unos ejemplos de estos epicentros de la vida literaria y bohemia donde las mentes más privilegiadas y alabadas de la época charlaban en salones más o menos lúgubres, en torno a la mesas de mármol. Escritores, filósofos o pensadores eran la clientela habitual de estos históricos espacios.

Uno de ellos fue el que hoy nos atañe, el afamado Café Pombo que se podía encontrar al inicio de la Calle Carretas, a la altura del número 4. De dicho establecimiento se desconoce la fecha de apertura, aunque autores apuntan que fue a inicios del Siglo XIX. Cada café tenía sus autores fetiche y clientes recurrentes y el de éste fue Ramón Gómez de la Serna. El padre de las greguerías fue el gran impulsor de este local, creando en 1912 una tertulia que se celebraba los sábados por la noche en una de sus salas, la conocida como ‘Sagrada Cripta del Pombo’. Este café, de aspecto ajado y nada elegante, es el que muchos madrileños conocieron como el café de los cagones. La pregunta es ¿Por qué?

A falta de una tenemos dos respuestas que aunque coinciden en el fondo, se contradicen en cuanto a sus posturas y ambas tiene un mismo denominador común: el sorbete de arroz. Al parecer éste era una de las delicias de su menú y por lo tanto una de sus especialidades. Hay quienes apuntan que eran muchos los que se acercaban al Café Pombo a degustar este plato el cual era mano de santo para frenar las descomposiciones y diarreas producidas por las gastroenteritis. Por el contrario, ya os he dicho que este sitio no era especialmente elegante ni cuidadoso en sus formas. De ahí que otros tantos afirman que quien se tomaba uno de estos sorbetes (imaginaros su conservación en los calurosos meses de verano), sufría casi al instante un fuerte movimientos de tripas que le hacían acudir de forma instantánea al baño.

Sea como fuere lo cierto es que aquel sorbete de arroz del legendario Café Pombo le hizo ganarse el sobrenombre del café de los cagones. Con ese desagradable apelativo no es de extrañar que terminase cerrando en el año 1942.

La sagrada cripta del Café Pombo, Madrid

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