Browsing: Historia

Historia
9

Desnudando a Chamberí

Imagino que cada uno sentirá un especial apego al barrio donde ha vivido en Madrid, en mi caso Chamberí. Un entorno que rápidamente adopté como mi segundo hogar.

Historia
11

Un portal con un vecino muy especial

La zona de La Latina es el espacio donde más secretos y sorpresas confluyen en Madrid, su historia así lo manda. En esta ocasión, nos adentramos en uno de sus portales, en la Cava Baja, para toparnos de frente con un pedazo vivo de la historia de la Villa.

Escultura
3

El héroe nacional que custodia el rastro

Eloy Gonzalo es uno de los muchos héroes patrios que son homenajeados por las calles de Madrid. Su escultura, en la Plaza de Cascorro, es una de las más castizas y conocidas de la ciudad, no así su propia historia. Una vida que pasamos a conocer en este secreto….

En 1896, como miembro del Regimiento de Infantería de María Cristina es destinado a Cuba. Allí, la situación para las tropas españolas se complica hasta que se hace insostenible. 170 combatientes españoles, rodeados y arrinconados, frenan como pueden las acometidas de 3.000 insurrectos cubanos en la localidad de Cascorro. La guarnición española estaba siendo duramente castigada y la única vía para cambiar el signo de la contienda era explotar un fortín de madera desde el cual les causaban graves daños. Es en aquel momento en el que el mito y la leyenda de Eloy Gonzalo comienzan a forjarse. El soldado se ofreció voluntario a llevar a cabo esa misión suicida. Sin una familia que le echase de menos aceptó ser él quien volase por los aires el núcleo de resistencia. “Soy inclusero y no dejo a nadie que me llore o me precise”, comentó al aceptar el reto. Para ello, sólo puso una condición, adentrarse en la línea enemiga atado con una soga para que, en caso de morir, su cuerpo pudiera ser rescatado y enterrado en España.

Tal y como podemos ver en la escultura erigida en su honor, marchando con paso firme, con un fúsil, una lata de petróleo y la cuerda, Eloy Gonzalo llevó a cabo su misión con un rotundo éxito y esquivando a la muerte, lo que le convirtió en un héroe nacional. Fue condecorado con la Cruz de Plata al Mérito Militar y a recibir una pensión de 7 pesetas mensuales. En 1897 se le otorgó su nombre a una importante calle, en el barrio de Chamberí y años más tarde, en 1902, el Rey Alfonso XIII inauguraba la escultura en su honor. En cuanto a nuestro protagonista de hoy, una malaria terminó con su vida en 1897 y tras el desastre del 98 su cuerpo fue repatriado y desde entonces, descansa en el cementerio de la Almudena. Sin embargo, su recuerdo permanece intacto en el colectivo madrileño, sobre todo, cada domingo, cuando cientos de personas se dan cita en la Plaza de Cascorro y observan la escultura de este valeroso soldado con esa cuerda que nunca hubo que usar.

Historia
8

Un lugar donde el silencio y la historia caminan de la mano

Un lugar donde el silencio y la historia caminan de la mano

No tiene fachadas de postal y tampoco posee comercios que merezcan, por sí solos, una visita. Es humilde y austera. Sin embargo, aguarda con timidez a que alguien se atreva a descubrirla, consciente de lo mucho que gana en las distancias cortas. En sus escasos 75 metros de longitud, se respira historia y sosiego, motivo que la hacen una de mis calles predilectas de Madrid, la Calle del Codo.

Cobijada en las entrañas del Madrid de los Austrias, se trata de una pequeña callejuela que une la Plaza de la Villa con la Plaza del Conde de Miranda. Su mayor mérito es haber permanecido casi intacta con el paso del tiempo, apenas una tienda de alquiler de bicicletas y un salón de belleza se han atrevido a romper el hechizo que esconden sus muros.

Su nombre se lo otorgó el Marqúes de Grabal ya que hace un giro de 90º, como si se tratase de un brazo. La placa que adorna esta callejuela característica del Madrid de los Asutrias nos muestra el dibujo de un brazo con una armadura medieval. Con echar un simple vistazo a esta ilustración nos hacemos una idea nítida del trazo que adopta la calle.

Sus muros esconden secretos de rufianes y buscavidas, cortesanos y espadachines. Testigos mudos de aquellos sucesos son la Puerta de la Torre de los Lujanes o el Convento de las Carboneras (llamadas así porque veneraban una imagen de la Virgen de la Inmaculada encontrada en una carbonería). Pasear por este romántico lugar nos brinda la oportunidad de aislarnos del bullicio y recorrer el pasado del Madrid sin alborotos ni enjambres de japoneses.

Ya sabéis además lo mucho que me gusta incluir anécdotas para terminar de esculpir mis historias y mi querida Calle del Codo no podía ser menos. Según cuentan las crónicas de la época, uno de sus transeúntes más ilustres fue el escritor del Siglo de Oro, Francisco Quevedo, quien adoptó la insana costumbre de orinar en esta callejuela siempre que volvía de parranda, además con la manía de hacerlo siempre en el mismo portal.

Historia
8

Unos apuntes sobre Lavapies…

Unos apuntes sobre Lavapies...

Siempre he insistido en que algo de lo que más me fascina de Madrid es la marcada personalidad que tienen sus barrios, cada uno es un mundo en sí mismo, con un aire diferenciado, una disparidad que se hace palpable incluso de una acera a otra, en aquellas calles que hacen de fronteras imaginarias. Chueca, Malasaña, Chamberí o Salamanca viven cada uno a su manera pero si hay un barrio que no entiende de normas ni códigos es Lavapies.

Caminar por este barrio es una pasarela de contrastes, su población, principalmente inmigrante, ha ido dejando su poso en el carácter y en el trasfondo del barrio. Ver angostos ‘videoclubs’ empapelados con dvd´s de Bollywood junto a las típicas corralas madrileñas o a colmados de productos latinos descoloca pero hipnotiza. El Madrid más cosmopolita vive alejado de los neones, entre edificios sin ascensores y fachadas que piden a gritos una nueva capa de pintura.

El barrio, de más de 500 años de historia, fue la antigua judería de la ciudad. Un hecho que marcó para siempre el devenir del barrio. Con la expulsión de la comunidad judía, la sinagoga fue derribada y sobre el mismo solar se levantó la Iglesia de San Lorenzo. En un intento de borrar cualquier rastro del pasado, los nombres que se les pusieron a las nuevas calles, fueron toda una declaración de intenciones, con marcado carácter religioso. La Calle de la Fe o la Calle del Ave María son un ejemplo.

De aquella época medieval, el barrio heredó un rasgo que le acompañaría durante toda la historia y que nadie podría borrar, su nombre. Parece ser que en la plaza central del barrio había una fuente en la que los judíos llevaban a cabo la ablución y se lavaban los pies antes de entrar al templo. De ése hecho el barrio finalmente terminó llamándose ‘lavapies’. Ahora, casi seis siglos después de ser expulsados, los de aquí, y los de allá, conviven en armonía, cada uno portando su credo y sus costumbres.

Lavapies brinda la oportunidad de tomarte una caña bien tirada en un bar castizo, cenar después en un restaurante indio y tomar un deliciosos mojito en una tasca cubana. Un itinerario que nos permite viajar miles de kilómetros en apenas 400 metros de acera. En total, 88 nacionalidades que nos demuestran, día a día, que la convivencia entre diferentes culturas es viable cuando ambas partes quieren.

Historia
3

Un lugar mágico, de novela

La librería con más encanto de Madrid

La Historia Interminable o la Sombra del Viento, ambas tienen en común un elemento notable. La primera es una película que todos disfrutamos durante nuestra infancia, la segunda, una novela actual que ha marcado un hito en la literatura moderna española. Las dos con un nexo, la presencia de un elemento que nos abre las puertas a la fantasía, a lo desconocido…las librerías.

En Madrid las grandes librerías han ido terminando con esos pequeños comercios de sabor añejo, de estanterías repletas de volúmenes descatalogados, donde la anarquía del lugar sólo encuentra fin en la cabeza de sus tenderos. Pero todavía podemos encontrar un lugar donde ésto sucede, un sitio único y brujo, la Librería de San Ginés.

Ubicada en el pequeño pasadizo que lleva el mismo nombre y que va a pasar a la céntrica Calle Arenal, se trata de un comercio que lleva colmando las necesidades de los devoradores de páginas más peculiares desde mediados del siglo XIX. Es un lugar pequeño pero que rebosa historia, encajado en la fachada del edificio. Su armazón de madera y su tejado de tejas curvas le dotan de una belleza austera, de otra época.

En este sitio uno puede encontrar libros antiguos, ésos que pensaba que no hallaría en ningún lugar, y también obras de segunda mano a precios, como el lugar, de otra época. Sólo con echar un vistazo entre los cientos de tomos que sacan a la calle, uno recibe una experiencia igual de gratificante y enriquecedora que la propia lectura.

Curiosos y fanáticos de los libros se dejan caer por este lugar que parece sacado de alguna de las miles de páginas que encierra. Detenerse ante él un día de gris y triste de febrero, y disfrutar de la escena bajo el manto amarillo que nos proporcionan las bombillas desnudas de su escaparate nos brindan una escena encantadora. Después, para entrar en calor, basta con adentrarse unos metros en el pasadizo y disfrutar de uno de los mejores chocolates con churros de Madrid. Con o sin libro, éso ya lo decide cada uno.

Historia
5

El mudo adiós de un símbolo de la ciudad

El adiós mudo de un símbolo de la ciudad

Hace poco más de un año la Plaza del Sol perdió a uno de sus espectadores más famosos y según pasa el tiempo, parece cada vez más claro que nunca lo volverá a recuperar. El 18 de abril de 2011 unos operarios comenzaron a desmontar el cartel luminoso de Tío Pepe que llevaba 76 años viendo palpitar, en primera fila, el corazón madrileño. La excusa era darle un buen lavado de cara. Ahora al futuro inquilino del edificio, el gigante tecnológico Apple, parece que la presencia de la botella con chaquetilla y guitarra no le convence mucho. Un contrapunto demasiado castizo para una imagen tan ‘cool’.

En 1935 sus 70 toneladas de peso se subieron a lo más alto del ya desaparecido Hotel París, uno de los más chics de la ciudad. Desde ahí fue testigo de excepción de todos los acontecimientos que fueron sacudiendo la ciudad. Sobrevivió a la Guerra Civil, se asustó con el Golpe de Estado, se tragó más que nadie el polvo de las obras de Sol y enmudeció al ver como la gente tomaba la plaza un 15-M que nunca olvidará.

Una curiosidad que poca gente sabe es que la imagen original de la botella tenía un brazo levantado, una postura polémica que el Gobierno de la Segunda República cortó de raíz. Tras una pequeña intervención se le pusieron los brazos en jarra tal y como podíamos apreciar hasta hace unos meses.

A partir de 1950 observó en silencio como la gente comenzaba a detenerse en torno a una baldosa muy especial, el ‘Kilómetro 0’. Años más tarde, en 1967 la escultura de un plantígrado apoyado en un árbol empezó a robarle miradas. Desde las alturas le llegó algún eco que le sacó de dudas. Se trataba del símbolo de la ciudad, ‘el Oso y el Madroño’.

Ya para entonces el luminoso de Tío Pepe se había ganado otro huequecito, éste en corazón de los madrileños. Pasó a formar parte de la memoria colectiva de la ciudad. En 2009, Gallardón, entonces alcalde de la ciudad llevó a cabo una Ordenanza de Publicidad Exterior cuyo objetivo era combatir la contaminación lumínica. Cientos de neones fueron retirados y sólo cuatro elegidos sobrevivieron por su valor simbólico, éste fue uno de ellos.

Parecía que nada ni nadie podría con él pero una vez más, nos equivocamos. Hace unos años nos enteramos que la empresa californiana Apple tenía pensado un desembarco a lo grande en Madrid. Sus planes pasaban por alquilar un edificio entero en el centro neurálgico de la ciudad. Un día, sin previo aviso, se comenzó a desmontar el histórico anuncio con la idea de hacerle una profunda reparación. Todo apunta a que el cartel fue víctima de otro desalojo, éste más pacífico y silencioso que los que estamos acostumbrados…Ésta vez no hubo lagrimas, el abuso se cometió a la luz del día y a la vista de todos. Ahora la estructura aguarda en un almacén de Alcalá de Henares, esperando a que alguien le vuelva a subir a las alturas.

Historia
31

Los ‘heavys’ de Gran Vía

Los 'heavys' de Gran Vía

A la mayoría, los nombres de José y Emilio Alcázar no os dice nada pero sin embargo, todos los que vivimos en Madrid los hemos visto en más de una ocasión y no hemos podido evitar mirarlos de reojo al cruzarnos con ellos. Estos gemelos son popularmente conocidos como ‘los heavys de la Gran Vía’. Sus pintas, su carácter y su infatigable presencia, día tras día, en el mismo lugar, los han convertido en un todo un ícono de la ciudad, a la altura del letrero de Schweppes o del Oso y el Madroño pero ¿Quiénes son?

Los hermanos Alcázar viven en un pequeño piso de Tetuán, aunque se criaron en el castizo barrio de Chamberí. Por ese motivo, han sido muchas las ocasiones en las que me los he cruzado mientras se dirigían hasta su punto habitual. Un detalle, cuando acometen su particular peregrinaje hasta la Gran Vía no caminan juntos, siempre van separados por unos cuantos metros, como si no quisieran saber nada el uno del otro hasta encontrarse en el lugar de destino.

Emilio y José llevan realizando este largo trayecto, de forma casi diaria, desde hace ocho años. Lo que comenzó siendo como una protesta, con el paso del tiempo se ha convertido en un estilo de vida. Los ‘heavys’ acudían con frecuencia a la tienda de discos Madrid Rock que servía de punto de encuentro con sus amigos y con su pasión, la música. En 2005, el grupo Inditex, en su inexorable avance a la conquista del mundo, implantó una de sus tiendas en dicho local, sin margen de maniobra para sus amigos. Desde entonces, en solidaridad con aquellos empleados y colegas, decidieron situarse a sus puertas, como señal de protesta. Una costumbre que ni las inclemencias del tiempo ni el transcurso de los años han podido frenar.

¿Frikis o revolucionarios? Es la pregunta que nos podemos plantear al escucharles hablar. Para unos puede que solo sean dos vagos que viven del aire, para otros, dos tipos que han decidido vivir de acuerdo a unos ideales. Ellos mismos han declarado que no trabajan desde hace más de una década, ya que no quieren formar parte de un sistema que enriquece a los poderosos y empobrece a los débiles. De este modo, permanecen junto a la misma valla, tarde tras tarde, esperando a que alguien se les acerque para debatir de cualquier aspecto mundano. Su forma de ser, abierta y afable, invita al diálogo con todo viandante.

Simplemente, se dedican a vivir y lo hacen sin ataduras materiales, sin cuentas corrientes o sin móvil. Se han marcado un objetivo claro, el recuperar la vida en la calle, que no seamos meros esclavos de un sistema que sólo nos da margen para trabajar y para consumir, deambulando de tienda en tienda. Así que ya lo sabéis, la próxima vez que los veáis embutidos en sus pantalones de pitillo y con sus tatuajes, acercaros y no tengáis problema en charlar con esta singular pareja. Ellos estarán encantados.

1 4 5 6