Pocos, por no decir ninguno, de los iconos de  Madrid generan tanta controversia como la Catedral de la Almudena. Hay quienes la adoran, casi tantos como los que la detestan, por su falta de personalidad y efectismo. Sin embargo, este templo tiene la virtud de posar, de vez en cuando, con una elegancia exquisita, ajena a cualquier debate y discusión, convirtiéndose en la actriz principal de imágenes de excepcional belleza.

Hoy, echamos el freno en mitad de este jueves, para dejarnos llevar con parsimonia por esta fotografía de Félix Moreno.  En esta composición observamos la Catedral de la Almudena desde un prisma diferente, desde la lejanía, más discreta que nunca. Gran parte del mérito de esta foto es del denostado Río Manzanares sobre cuyo cuerpo plateado rebota una catedral con tintes espectrales. Separando el mundo real y el de los reflejos, haciendo de límite entre lo tangible y lo abstracto, se presenta el Puente de la Reina Victoria. Río, puente y templo forman una mirada en la que da gusto recrearse.

Estamos ante una postal diferente y eso se nota en el efecto inmediato que esta elegante foto araña en el espectador. Paseamos por uno de los límites de Madrid, a los pies del Parque del Oeste y de Príncipe Pio para presenciar un momento que parece rescatado de un cuento. Más onírico que rutinario. Una muestra de que en esta ciudad no se puede subestimar parte alguna. En el sitio menos esperado Madrid se planta en firme y muestra sus credenciales dejándonos, una vez más, con la boca abierta.

Catedral de la Almudena y Río Manzanares

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